Continuamos con la serie de artículos sobre la historia de Baena y su Semana Santa.
En esta ocasión publicamos una curiosa noticia publicada el día 14 de Marzo de 1849 en el diario El Clamor Público. El título del artículo es en sí muy llamativo, ALARMA RELIGIOSA, exagerado o no, solo lo saben los que alli estuvieron.
Lo que si es cierto que a continuación, publicamos la constestación a esta noticia el día 19 de Abril de 1849, por parte del Arcipestre de la Villa de Baena, el renombrado D. Bartolomé Madueño.
Sin ánimo de hacer una interpretación de lo que pudo haber ocurrido, y haciendo un pequeño análisis de lo publicado, parece ser que las pasiones que movian al pueblo de Baena hace 160 años eran muy parecidas a las actuales, y un gran fervor hacia la Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno al igual que hoy.




Aquí estan los textos:
“-ALARMA RELIGIOSA.- De Baena nos escribren con fecha 7 del actual lo siguiente:”
“Hace tres días que ha precensiado esta rica y populosa villa un espectáculo raro y sorprendente para los que en la actual época meditan con alguna reflexión sobre el estado moral y religioso de los pueblos. Es el caso, que en virtud de la gran sequedad que experimenta toda le peninsula por la falta de lluvias, se dió órden promovida por este vicario eclesiástico, para hacer rogativas y procesiones de penitencia, a fin de aplacar la cólera divina y alcanzar el santo rocío. Nada más loable que las fervientes súplicas dirigidas al Altísimo, cuando nos aflige con grandes calamidades, y hasta rodeándonos, si se quiere, del cilicio y la penitencia; pero si estos medios se emplean para atemorizar en vez de conmover, y si ademas se suscitan estemporáneamente, no procuden el efecto que se desea, y acarrean de seguro el pavor y la consternación pública como se ha visto en esta población, en la que no conservandose las siembras con bastante resistencia para dar una ferácisima cosecha, si llueve en los meses fundamentales del año, no habia una necesiudad estrema de afligir a un pueblo, que cuenta con más de cinco mil brazos desválidos, sin otra ocupación que el jornal agrícola, y los que ya se hallan sin trabajo por haber suspendido los labradores todas sus faenas; de manera que la penitencia es sola y realmente para el infeliz obrero que paga desde este día mucho más caro el triste pan que ha de comer.”
“Asi, pues, habiendo dispuesto para el efecto dicho señor Vicario, que la milagrosa imagen de Jesús Nazareno, protectora de todos los Baenenses, a la que con frenético entusiasmo acuden en todas sus necesidades, fuese trasladada desde el ex-convento de San Francisco, donde se halla venerada, a la Parroquia de San Bartolomé: el pueblo, con algún fundamento, creyó que la traslación era un pretesto para quedarse con la imagen en la parroquia, quitándosela a su propia iglesia, la que sostienen todos los fieles solamente por conservarle alli su culto. Ya se notaban desde la víspera estos rumores con gran prevención y acaloramiento en los ánimos, asi que, siendo conocedor de ellos y de la efervescencia de la población el señor don Juan Ariza, alcalde segundo que accidentalmente ejercía el mando, le previno a la autoridad eclsiástica, tanto del ridículo en que ponía sus ordenes si las desobedecian, cuanto de los tristes resultados que estas pudieran atraer por ser impremeditadas. Nada fué suficiente para disuadir a aquella autoridad de tan tenáz y porfiada obstinación, y contrariando la opinión entera de un pueblo de quince mil almas, arrostró por todo, sacando la imagen en procesión por las calles a las diez de la noche.”
“Este acto, a pesar de la hora tan intempestiva, no pudo hacerse con más recogimiento y fervor religioso, pues pasaban de tres mil hombres, incluso la diustinguida y venerable hermandad de Nazarenos, los que acompañaban a Jesús con hachas y belas encendidas. Todo iba bien, y la procesión marchando en un silencio sepulcral hasta llegar la efigia a la puerta de la parroquia de San Bartolomé, cuando ya al dirigirse los señores curas de esta, puestos de capa pluvial, a los que conducian, para que la entrasen, un grito unánime de viva Jesús Nazareno, y a su casa, fué la chispa eléctrica que inflamó a todos, agolpandose a centenares a las andas y dispuestos ya a representar una escena horrorosa y bien estraña, por la calidad de las personas contra quien se hubiese empleado el encono.”
“Por último, visto ya el conflicto en el que estaba puesta la autoridad civil por la pertinancia y escasisima previsión de la eclesiástica y por ver a un pueblo preparado para arrollar cual torrente impetuoso todo lo que se le hubiese puesto por delante, tuvo el feliz acierto de declararse enseguida a favor de este, secundando sus ideas y continuando la procesión con su primitivo orden, hasta que Jesús volvió y quedó colocado en su capilla.”
“Asi es, como por la prudente y oportuna determinación de la autoridad referida, se ha librado Baena de una noche de gran luto y la mas deprolable que hubiesen conocido sus anales.”
Respuesta de D. Bartolomé Madueño al articulo anterior. El día 19 de Abril del mismo año se publica en el mismo diario la respuesta de D. Bartolomé Madueño al artículo titulado ALARMA RELIGIOSA.
“Sres. Redactores de el Clamor Público.”
“Muy señores nuestros: En el número de su apreciable periódico del día 14 de Marzo último y bajo el epígrafe Alarma religiosa, leemos un comunicado de Baena que por los minuciosos e inconexos pormenores que refiere, si también por las inexactitudes y alusiones a las autoridades civil y eclesiástica de esta población, no debe correr desapercibido.”
“Sin descender a probarlas en cada uno de los diversos y hetereogéneos conceptos que abraza, solo diremos que carece de todo fundamento cuanto refiere el articulista acerca del robo premeditado de la efigie de Jesús Nazareno, porque conservandose en la iglesia ex-convento de San Francisco, filial de la parroquia de San Bartolomé y por consiguiente de su jurisdicción canonica, los dignos párrocos de esta no podían adquirir mas posesión que la que de hecho y derecho les corresponde, ni el señor vicario eclesiástico pidió otra licencia al señor gobernador de la diócesis que para trasladarla a la citada parroquia por espacio de nueve días en que se le dirigieran las preces de costumbre, según ya se había practicado en la capital de la provincia y pueblos limítrofes de Lucena, Cabra y Castro del Rio.”
“Es igualmente inexacto que la utoridad civil de Baena opusiese a la eclesiástica resistencia alguna para las rogativas, antes bien publicó un bando anunciando su celebración, el novenario solemne en San Bartolomé, la carrera de la procesión y hora de su salida”
“Por lo demás ni hubo torrentes impetuosos como se supone, ni se prepararon escenas horrorosas en un pueblo tan pacífico como el de Baena, tipo de cordura y sensatez, ni su celo religioso, por más que el articulista lo clasifique de fanatismo, hubiera dado ocasión ni a lutos ni catástrofes.”
Bartolomé Madueño
Baena 19 de Abril de 1849