Jun 07 2008

Transcripción del artículo “Costumbres andaluzas” de 1836

Publicado por admin a las 5:08 pm en Historia

Artículo: Costumbres andaluzas

Comenzamos una serie de articulos relacionados con la historia de nuestro pueblo. Juan Carlos Roldán transcribe un documento de 1836:

Prólogo

Cierto es mi interés por la historia de nuestra localidad, y en ello empleo muchas horas de mi tiempo libre. Fruto de este interes es la recopilación de datos y articulos de interés para el conocimiento de la misma. El artículo que en esta ocasión ofrezco para la lectura, es de suma importancia para la historia de nuestra Semana Santa, creo, sin temor a equivocarme, que esde los mas antiguos publicado en prensa escrita, no en vano está editado en 1836.

La revista publica este artículo es El Semanario Pintoresco Español, esta revista, que nace a mediados del siglo XIX, en 1836, y perdura hasta 1857, refleja en sus ediciones todo el acerbo cultural y social de la época, plasmando muchas de las costumbres y tradiciones de la época. Fué un referente cultural, y hoy día sigue siendo objeto de estudio para aquellos que desean encontrar en sus paginas curiosidades y datos importantes que de otra forma hubieran acabado diluyendose en el tiempo o en la tradición oral.

El artículo se ocupa de las tradiciones andaluzas en Semana Santa, y recomiendo detenidamente su lectura, pues aunque muchos de los datos que nos revela son ya conocidos, otros son una verdadera novedad, y algunos, nos confirman datos que habian llegado hasta nosotros solamente por tradición oral.

El autor nos traslada y explica algunas de las tradiciones y procesiones que se hacian en las localidades del sur de la provincia de Cordoba, pone como ejemplo a Baena, Cabra, Rute y Carcabuey, hace una referencia exacta sobre algunas de las figuras de Baena, y finaliza describiendo con todo lujo de detalles una procesión en la localidad de Cabra. Si os fijais, salvando las distancias temporales, la narración podría servir perfectamente para la Semana Santa de Baena. Es de suponer, que el autor, que viajaría hasta estas localidades seguramente invitado por alguna personalidad, visitaría algunas de las localidades nombradas y asistiría a una de las procesiones, en este caso en Cabra. Por las referencias documentales que si conocemos, todas las figuras que aquí se detallan existian en Baena, por lo que es de suponer que la forma de procesionar seria muy similar a la aquí expuesta.

La persona que firma el articulo es D. Juan Antonio de la Corte, y si nos trasladamos a las referencias de la época, cabría pensar casi sin ningun genero de dudas que se trata de D. Juan Antonio de la Corte y Ruano, este señor fué miembro de la Sociedad Económica de Amigos del Pais de Madrid, sociedad análoga a una que existía en Baena, en 1861 llegó a ser en 1861 Director y Catedrático de Psicología, Lógica y Ética, Caballero del Hábito de la Orden Militar de Santiago, Maestrante de la Real de Ronda, auditor honorario de marina. Académico de mérito y de número de varias corporaciones científicas de España y Ultramar, y constaba como colaborador de la revista.

El artículo, que está redactado con un cierto tonillo irónico y jocoso, no deja de ser el fiel reflejo de los que muchos intelectuales de la época pensaban y opinaban de tales expresiones religiosas en público, no hay que olvidar que posteriormente el mismo Juan Valera en sus escritos reflejaba algo muy parecido. Pero paradójicamente, gracias a esto, nos ha sido revelado gran parte del protocolo y ceremonial de la Semana Santa de entonces, sobre todo en lo que refiere a la figura del judío con su vestimenta antigua.
Lo que si está claro a la vista del escrito, es que a mediados del siglo XIX, la figura del judio, el de la careta y vestimentas al estilo de los Evangelistas que hoy procesionan en Baena y algunas localidades, existían en muchos pueblos del sur de la provincia de Cordoba, también que 1836 aun desfilanban de tal manera, que realizaban pasos, como los del prendimiento, “asustar” al evangelista, llamado por entonces sorprender.

De todos estos pueblos, la genuina herencia solo ha quedado en Baena, las figuras cambiaron, las vestimentas antiguas desaparecieron debido a las prohibiciones de la época, (al comienzo del articulo se ve claramente la persecución que sufrían estas costumbres por parte de las autoridades civiles y religiosas). Sin embargo los pasos han perdurado en Baena, quizas al desaparecer aquellas figuras de judíos antiguos, las formaciones militares, posiblemente milicias, asimilaron de alguna forma aquellas manifestaciones para que no se perdieran, adoptando incluso el nombre de judíos, llegando de esta forma hasta la actualidad.

Nota: He procurado copiar el texto tal y como viene redactado, algunas palabras o derivaciones son propias de la época, incluso algunas de lo que hoy podriamos llamar faltas de ortografía.

Pulsa en “seguir leyendo” para acceder a la transcripción completa del artículo llevada a cabo por Juan Carlos Roldán.

Transcripción del artículo de 1836

COSTUMBRES ANDALUZAS

LOS JUDIOS DE LA SEMANA SANTA

Aquella semana que la iglesia consagra especialmente a recordar la pasion y muerte del Redentor de los hombres, ofrece en nuestras capitales un espectaculo sublime y grandioso en la celebración de los divinos oficios, en la visita a los monumentos, y en todas aquellas preces que conmueven nuestro corazón, y levantan nuestro espíritu hata la contemplación de los profundos misterios del catolicismo. Entonces todo es recogimiento y silencio, todo llanto y dolor. Ni se ven carruages, ni se oyen canciones, ni los ecos de profanos instrumentos turban el reposo de aquellos memorables dias.

Por esto es mayor el contraste que esperimenta el viajero curioso y observador de nuestras costumbres, que recorra en semejante época las populosas villas del antiguo reino de Córdoba, y se sienta dispuesto a gozar de todo el interés que ofrece sus moradores. No necesita ciertamente apelar a tiempos remotos, ni consultar añejas historias para saber a punto fijo los usos de nuestros mayores, respecto a la representación material, que en las procesiones de semana santa, ha de ver con sus propios ojos.. Ni Roma, Milán y Venecia en sus carnavales, ni Tudela en sus cipoteros, ni Zaragoza y otros pueblos en sus gigantones, tarascas y demás alimañas de estilo, ofreceran mayor novedad al extranjero, que Cabra, Baena, Rute, Carcabuey y muchos que citar podemos, casi a la mitad del siglo XIX.

Dejemos para otros la tan debatida cuestion que versa sobre la utilidad o desventajas de aquestas procesiones, y dense por ello de calabazadas los filósofos y los críticos, los civilizadores y los antireformistas. Sin que importe una higa a los actores lo que sobre el particular se ha escrito, prosiguen impávidos haciendo parte del espectáculo anual, y eso les dá de los autos acordados del antiguo régimen, que fulminan contra ellos terribles anatemas, como de las hinchadas declamaciones de los periodistas de ogaño. Vegan los gefes políticos de 821, o los alcaldes mayores del 824 con sus bandos y peroratas, vengan los ministros de 842, y los diocesanos, y los gobernadores, poniendo en alambique a las cofradias y hermandades, y concediendo de gracia el uno por ciento en razon de utilidad. No por eso quedarán privados los habitantes de Baena de la grata presencia de Pilatos, vestido de casaca y chupa, ni de la interesante y grotesca doncella del presidente de Judea. No por eso faltara en Cabra Longino con sus botas de motar, su coleto de ante y su gorro azul, paseando a tientas las calles de la villa, y buscando en vano al lazarillo jugueton, que escapa para distraer a la concurrencia. Ni se echaran de menos los profetas con colchas y caretas de a tercia; los patriarcas con coronas de laton; las sibilas con barbas y zapatos de raso blanco; los ancianos del apocalipsi cruzanco sus mantillas de sarga de Malaga y coronadas sus frentes de durisimo cambrom; los soldados romanos cubiertos de cascos a la usanza de la media edad y adornados sus cimeras con plumeros de la milicia nacional. Ni renunciará la población tan facilmente al sacrificio de Abraham, ni al descendimiento de la cruz, a los pasos que se repiten anualmente a su vista, y no por eso sacian su inagotable curiosidad. Será muy cruel no hayar a Judas en la ultima cena, sentado el prostero a la izquierda del Salvador, y metiendo su mano en un plato de aceitunas sevillanas.

Así vemos dejar por este tiempo las ciudades comarcanas una buena parte de sus cultos moradores, y corres presurosos en busca de estas escenas, tan nuevas y orijinales para aquellos que no las han presenciado. De Granada, de Cordoba y de Sevilla vienen todos los años no pocas familias, y a todos llama la atencion el movimiento y bullicio que precede a la solemnidad. El martes o miercoles santo comienzan en los pueblos las procesiones, y hasta el sábado no cesan, saliendo dos diversas en algunos de los dias intermedios. Regularmente la del jueves santo suele ser las mas notable por la variedad de los trages, por la multitud de cofradías, por el numero crecido de individuos que la componen, y por el lujo, la vida y animación que se descubren por todas partes, y revelan la existencia del vecindario, casi muerto para la sociedad hasta estos dias.

El labrador abandona los campor; el artesano cierra su taller, y el comerciante suspende momentáneamente sus negocios y su vida sedentaria. En las calles hierve el gentío ansioso de impresiones nuevas; una doble fila de sillas tendidas por ambas aceras, convida a un grato reposo al sexo femenino de las clases pobres. Los balcones y ventanas apenas pueden ofrecer espacio suficiente para tantos espectadores, y todos aguardan impacientes el momento deseado.

En una de aquellas hermosas tardes de abril, cuando el sol se halla en todo su esplendor, cuando se respira el ambiente embalsamado de las flores en la deliciosa atmosfera que rodea a la Villa de Cabra, es cosa de ver el bullicio, la confusión, y tumulto que precede a la procesión. Los estandartes y guiones, las cruces y las banderas, atraviesan de acá para allá, y se ven en todos los puntos; el ruido de los palios, el clamoreo de las campanas, los tristisimos gemidos de las trompetas, el sonoro estruendo de los tambores aturden en las calles y en las plazas. Las imagenes llevadas en hombros acuden de encontrados puntos al lugar de la reunión; el profeta y el evangelista, el judío y el penitente, el patriarca y el nazareno se mezclan, se saludan y conversan con familiaridad; las cohortes romanas formadas en columnas marchan a llenar el puesto señalado. Todo indica la proximidad del espectáculo, y escita en el forastero el mas alto grado de interés. Entonces se deja ver la procesión.

Abre la marcha la cruz parroquial, y tras ella marcha en buen orden el ejercito romano, vestido mitad a la usanza del siglo XVI, mitad a la del prosaico XIX. Siguen después las cofradías en sus respectivos lugares, precedidas de estandartes y trompeteros, y comandadas por sus gefes (hermanos mayores), que empuñan sendos bastones labrados de plata y oro. Al fin de cada cuerpo conducen los cofrades la imagen correspondiente en andas y sobre elevado trono, y a ella sigue el palio, indispensable para precaverse de las injurias del tiempo. Estas hermandades llegan a un número infinito, y se diferencian todas en el traje y en el objeto de su representación. Su nomenclatura sola nos detendría demasiado, y la proclija descripción de sus ropajes, funciones e instituto habrían de fatigar sin provecho el ánimo de los lectores de este articulejo. Bastará saber por via de dato, que en el Jueves Santo por la tarde suelen pasa de novecientos individuos los que forman la procesión. Que en este día, y con muy poca diferencia en los demás, ninguno (esceptuando los mayordomos) lleva su propio traje, ni omite la careta, y que las diversas secciones de esta mascarada relijiosa presenta la mas vistosa y sorprendente variedad. La seda, el terciopelo y otras telas preciosas se ostentan en mil formas diferentes, y constituyen el prinpipal ornato de aquella vasta decoración. Alli el curioso puede recrearse en contemplar antiquísimos restos de la edad pasada, que se han conservado hasta nuestros días, y transmitido de generación en generación, como los monumentos de las ciudades de Grecia y Egipto.

El orijen de algunas de estas hermandades se pierde en la noche de los tiempos, y los atributos y adminículos, que anualmente salen al público en ellas, tienen igual fecha. Las hay tambien de tres o cuatro siglos de existencia no interrumpida, y muchas en este y otros puntos se disputan la primacia, y un lugar preferente en los anales de la población.

Mas ninguno de los personajes del antiguo y nuevo testamento que sacan a relucir su antifáz en tales días puede compararse a los judíos. Y asi como entre todas las naciones del globo este antiquísimo pueblo descuella por sus constumbres, por sus leyes, y por el cuidado con que transmitió a la posteridad de los hechos antidiluvianos, ; asi en este alarde público de fantasmas, en esta galería de notabilidades misticas y profanas, se levanta sobre todos, y reclama del observador la mas privilegiada atención. El judìo es el centro a donde se dirijen las miradas de la concurrencia; el ser escepcional a quien todos miman y prefieren, el hombre de acción y movimiento, sin cuya presencia todo apareciera frio, insípido y trivial.

Para aspirar al honor de una plaza en estas tribus, es preciso que el solicitante tenga lo que llaman los inteligentes, buena sangre, esto es; que descienda de cristianos viejos sin mezcla alguna de otra mala raza, ni de moriscos, ni de recien convertidos a nuestra santa Fé Católica: y si preguntais, lectores mios, la causa de tan severo escrutinio, os diran con con gravedad las viejas del pais, “que todo ello es necesario para que la costumbre de representar anualmente su papel, no influya en sus hábitos y creencias”.

Los judíos desempeñan muchos deberes en las procesiones de semana santa. Ellos prenden a Jesús, y le llevan como en triunfo el jueves, por mas que semejante hecho no este muy acorde con los sagrados libros. Ellos tienden las capas a su paso, cuando entre en Jerusalen sobre una pollina, adornada de cintas y moños. Ellos espian constantemente y por medio de espantosos visages a los evangelistas, cuando escriben su Evangelio. Ellos les quitan sus plumas de floresel viernes santo, para impedir que se publique y estienda por el universo la doctrina del Crucificado. Se encuentran en todas partes, pertenecen a todas las cofradías, y si algun hidalgo de la comarca pretende llevar su vestido, le hacen pagar mas caro el alquiler que los guarda-ropas del Circo o de Villa-Hermosa.

Este traje es lo más orijinal que ha podido imaginarse. Forma su pieza principal una careta disforme, mas horrible que el rostro de Medusa, llena de verrugas, lunares, chirlos y dobleces, y con una espresión parecida a las grotescas figuras del Bosco, o a las de nuestro moderno Alenza. Está asida por detrás a una faja o coleta que va disminuyendo hasta acabar en punta, y de ella pende por la espalda un manojo de cintas de seda de colores,. El cuerpo del judío, se cubre de un coleto de ante con faldas cortas, y las piernas con calzones de damasco encarnado, guarnecidos de blanca muselina, y que bajan hasta la pantorrilla. Pendiente de la cintura, lleva una multitud de pañuelos de preciosas telas, como vendedor de quincalla; y al lado izquierdo una especie de daga, de la que suele echar mano, cuando se irrita para amenazar a sus enemigos. Las medias que usa, son blancas siempre, escepto el viernes santo, pues entonces viste de luto; las lleva negras, y en la mano un rosario de cuentas gordas, como buen cristiano.

Su postura ordinaria es de pie; jamás dobla la rodilla, ni inclina el cuerpo ante las imágenes de los santos, ni ante el mismo Señor Sacramentado, que se reserva en los monumentos, y permanece con aire indiferente y los brazos cruzados sobre el pecho, escuchando con atención solamente el sonido de las trompetas, o del pito de su gefe para obrar en consecuencia.

Este gefe, a quien podemos mirar como el patriarca de la tribu, ejerce el cargo por derecho de suceción o varonía, no turbado ni interrumpido en sus ascendientes desde los tiempos mas remotos. Su traje es igual al de sus subordinados, aunque las piezas que lo componen parecen mas finas y delicadas, y el silvato de bronce que hace resonar de cuando en cuando es su verdadero signo jurisdiccional. Para aplicarlo a los labios con mayor comodidad, acostumbra a ponerse la careta en la cabeza, a guisa de sombrero, y seméjase entonces al Dios Jano con su doble faz.

En los archivos de las siete escribanias numerarias de la villa, no es raro hallar algunos testamentos con la clausula siguiente: “Item… dejo a mi hijo N. un vestido completo de judío, y es mi voluntad que ocupe esta plaza en la cofradía que pertenezco”

Mucho podriamos decir sobre este tipo de las costumbres de semana santa, si no fuese ya harto prolongada nuestra narración; por lo cual concluiremos asegurando que al traves de estas usanzas se encuentran objetos que admirar por el artista en la bella escultura de algunas efigies, en las alhajas de oro y plata , en los ornatos y vestidos de las mismas, y sobre todo en el notable, por muchos conceptos, sepulcro de Cristo, que sale a la veneración de los fieles el viernes por la tarde.

Juan Antonio de la Corte

Actualización: Francisco Expósito nos envía un comentario ampliando y matizando la información sobre el citado artículo.

4 comentarios en “Transcripción del artículo “Costumbres andaluzas” de 1836”

  1. JFel 08 Jun 2008 a las 10:27 am

    Excelente documento que completa información conocida de otras fuentes.

    Es un jugoso artículo del que destaco la siguiente frase ” los soldados romanos cubiertos de cascos a la usanza de la media edad y adornados sus cimeras con plumeros de la milicia nacional”

    Sugiero se incluya en esta web un fichero en formato pdf con el documento original completo.

    Felicidades por el hallazgo.

    Saludos

    Julio R. Fernández García

  2. FRANCISCO EXPOSITOel 08 Jun 2008 a las 12:30 pm

    Con el ánimo de ser lo más estricto posible con las fuentes, aclaro que el artículo aparece publicado en 1842 en el Semanario Pintoresco Español. En la investigación que se editó en la revista Cabildo en 2006 sobre la figura del judío ya se hacía referencia a este documento, que había sido recuperado por Jesús L. Serrano Reyes.
    Se puede bajar de la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España (www.bne.es). De todas formas, os lo envío en formato pdf.

  3. Juan Carlos Roldanel 08 Jun 2008 a las 12:37 pm

    Quisiera completar el prologo al articulo con una nueva información, y es la posible relación del articulista D. Juan Antonio de la Corte con alguien de Baena, y es en la propia Sociedad Económica de Amigos del Pais de Madrid.

    D. Juan Antonio de la Corte esta inscrito con el número 190, con el 191 figura D. Manuel Maria de Pineda y Escalera, esta persona era natural de Baena, y su abuela por parte de padre, Doña Maria Vicenta Alcalde era nacida en Cabra.

    Estos últimos datos se pueden comprobar en el libro publicado por Rafael Ruiz Arjona, Baena testimonio de su historia, en su página 229, en la que incluye el expediente de pretendiente a la Orden de Santiago de D. Manuel Pineda y Escalera.

  4. Juan Carlos Roldánel 08 Jun 2008 a las 7:11 pm

    Gracias a Paco por subsanar el error de fecha en el que habia caido, realmente el articulo es de 1842, confundí el dato con el año de inicio de la edición del Semanario en la fuente que lo recogí que es la misma que aportas.

    En segundo lugar no resto mérito y no es mi intención el apropiarme el descubrimiento del artículo, cierto es que en la revista Cabildo de 2006 hace alusión al mismo y escrito por Jesus L. Serrano Reyes, y en el que aparecía un párrafo. Es justo reconocerlo.

    Ahora bien, pienso que la publicación integra del mismo puede ser de gran interes para todos aquellos amantes de Semana Santa, e invito a todos aquellos que tengan datos relacionados con la misma a hacerlo por este medio, es el único interés que me mueve, muchas gracias de nuevo y gracias por las puntualizaciones.

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