Disculpen ustedes por esta intromisión en una página donde habitualmente publicamos noticias, artículos, reportajes imágenes y opiniones de nuestra querida semana santa de Baena.
Soy Raúl Ordóñez Pérez, el administrador de esta página y como muchos de ustedes, un amante de nuestra tierra, nuestras tradiciones y por supuesto de nuestra gran semana santa.
Estoy escribiendo esto desde mi hotel en Madrid donde estos días y hasta la semana que viene me encuentro por motivos de trabajo.
Por eso, en primer lugar, y aunque sé que son muchas las reseñas que estos días se podrían publicar en la web, quisiera comunicarles que me es totalmente imposible poder atenderlas todas y sinceramente me encantaría. Una feria como la del mueble requiere dedicación casi exclusiva y practicamente no tengo tiempo para más.
Eso si, prometo que en cuanto regrese a casa revisaré uno a uno los correos que nos han ido llegando y procederé a publicarlos para que la web continue su ritmo habitual de actualizaciones.
En segundo lugar me gustaría agradecer, en nombre de la agrupación de cofradías el apoyo que durante todo este tiempo ha recibido la página. Gracias a sus comentarios, a las opiniones de cada uno de ustedes, la página se encuentra más viva que nunca y además mucha gente que por unas razones u otras se encuentra lejos de Baena, puede sentirse ahora un poquito más cerca.
Hace apenas unas semanas superábamos las 200.000 visitas y ahora ya casi rozamos las 300.000. Si el año pasado fue el del nacimiento de la página, este ha sido el de la consolidación y por ello reitero de nuevo las gracias a todos.
Para terminar con esta pequeña intromisión me gustaría simplemente dedicar unas lineas al sentir que cada año tengo cuando llega la semana santa.
Para mi, la semana santa de Baena es un tesoro. Un tesoro que nace del sentir de un pueblo al amparo del trabajo, ilusión y esfuerzo de muchos antepasados que en su tiempo fueron llenando moneda a moneda un baul que se ha ido heredando de generación en generación.
Quizás una de las personas más importantes en mi vida haya sido mi abuelo Antonio Pérez Muñoz. Un abuelo que me trasmitió toda la ilusión y fuerza por un sentimiento indescriptible. Cuando murió sé que él esperaba que continuara con la tradición para que no se perdiera y aquí estoy. Me siento muy orgulloso.
Cuando llega el momento de la procesión y me coloco el rostrillo, la peluca, la túnica, las sandalias y el martirio, sé que por delante me quedan unas largas horas en las que me encuentro yo con mi pasado.
¿Como lo podría explicar?
Son las cuatro de la mañana, hace frío, pero aquella indumentaria me aporta calor y seguridad. Hay luna llena. Siempre, en todas las semanas Santas. Dicen que el Señor murió con luna llena.
Estamos en la puerta del cuartel y hay que ir al punto de partida para comenzar la procesión.
Amanece. Pero Todo está oscuro y sólo consigo entrever por los minúsculos agujeritos de los ojos de la careta y mantengo una respiración forzada y entrecortada. Noto la mirada de cientos de personas que se aglutinan en plazas y calles. Pasamos por la aurora, allí hay cientos de judíos que han pasado la noche fuera; gritan y aplauden.
Más calles. Niños que con la boca abierta miran las tablas de la ley de Moises, la Espada de Ezequiel o el grajo que porta Elías.
Veo a lo lejos el estandarte, el sol penetra en mis ojos. Este año soy el octavo de nueve. No puedo avanzar hasta que el de adelante no avance. Parado en la inmensidad de la historia, escuchando la centuria romana a mis espaldas. Se me pone la piel de gallina. Las sandalias me están matando y mis brazos ya no pueden más con el martirio. Es entonces cuando pienso en mi abuelo y pienso en todos los que vendran después de mi. Me lleno de fuerza.
El tiempo se detiene. Me encuentro conmigo mismo y mi existencia.
Y por la noche, sacar a hombros a la Magdalena con los enlutaos.
La fría noche del viernes santo baenense lleno de calor mi corazón cuando vi el fervor y la devoción de mis hermanos enlutaos y cuando sentí en mis hombros el peso más dulce que jamás pude haber sentido.
En la iglesia de Guadalupe estábamos muchos deseosos de que saliera nuestra imagen. Cuando hablé con nuestro cuadrillero Rafael Vacas creo que lo hice también en nombre de mi abuelo y mi bisabuelo Manuel Pérez Morales y de muchos otros que se fueron pero que esa noche estuvieron con nuestra magdalena.
Describirlo con palabras es tarea dificil. El tiempo se volvió a parar. Y ahora, Baena en mi corazón.
Gracias a todos. Disculpad por la extensión.