May 22 2006

Narración Virgen de las Angustias

Publicado por admin a las 11:31 pm en Relatos, Revista Cabildo

Es momento de recordar algunos artículos que se han publicado en la Revista Cabildo de este año. Avelino Jiménez Montes firma una estupenda narración bajo el título “Viernes santo, la procesion del Santo Entierro, Descendimiento de la Cruz y llanto de la Virgen la Piedad”:

La belleza.- ¿Qué es la belleza? León Hebreo la define diciendo que es gracia que, deleitando el ánimo le mueve a amar.

La belleza puede ser real, ideal y absoluta.

Bellezas reales son las que presentan el hombre y la naturaleza.

Las bellezas ideales son las creadas por la fantasía, que encontramos en las obras de arte.

La belleza absoluta es el tipo de todas las especies de belleza; es la perfección absoluta, que solo se encuentra en Dios, principio de toda belleza, como de toda verdad y de toda justicia.

Por lo tanto, y por lo ya expuesto, consideramos que la procesión del Santo Entierro de Cristo es un acto sublime, empezando por esa tarde del Viernes Santo, cuando la gran turba de “judíos” de la cola blanca, acompañada de toda su extensa Cofradía, después de recoger la Parroquia de Santa María la Mayor.

Bajan por la calle Carrera, Plaza de la Constitución, donde se incorpora el Ilustre Ayuntamiento en masa y la banda de música al final, interpretando una bella marcha. Siguen por la calle Calzada, plaza de España hasta la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe para sacar el Santo Sepulcro en procesión.

El toque redoblante que hacen los llamados “judíos” de la cola blanca, cuando bajan por el itinerario que ya hemos indicado, es el toque mas bonito, serio y armonioso que ejecutan los “judíos” de la cola blanca esta tarde del Viernes Santo.

La belleza de esta sagrada procesión del Santo Entierro en toda su extensión es de una belleza en su más alto punto de perfección es la sublimidad la cual no es otra cosa que una plenitud de bondad intrínseca, considerada como afecto del corazón, compuesto de amor y de respeto, por lo cual la cosa sublime cuando la contemplamos, nos produce un gozo profundo junto con admiración.

El color o anticolor que lucen las hermandades en esta procesión, es de color blanco y negro. Blanco es el invierno, estación que este pasado año hemos conocido; blanca ese el alba; blanca es la inocencia que precede a los amores.

Lo negro absorbe todos los colores, como el luto de una madre resume las esperanzas cifradas en su hijo. Sin embargo, ¡Benditos sean tus ojos negros, mujeres que formáis parte de las Cofradías e hijas de Baena.

Y tus capas negras.
Y tus cabellos, y tus cejas, y tus parpados negros.
Y la mantilla negra de la imagen de la Magdalena

La procesión se pone en marcha. Abre paso el Gallardete.

Le sigue el Santo Cristo de la Expiración. A continuación la Sagrada Imagen de las Angustias. La Piedad, cuya hermandad, la Centuria Romana, la más antigua, fundada en el año 1923.

La Piedad con su Hijo muerto sobre su regazo.

virgen-angustias

Después de esto, considera como fue quitado aquel Santo cuerpo de la Cruz y recibido en los brazos de la Virgen. Llegan, pues, el mismo día sobre tarde aquellos dos santos varones Joseph y Nicodemus, y arrimadas sus escaleras a la Cruz, descienden en brazos el cuerpo del Salvador.

Como la Virgen vio que, acabada ya la tormenta de la cruz, llegaba el sagrado cuerpo a tierra, aparejase ella para darle puesto seguro en sus pechos y recibido de los brazos de la Cruz en los suyos.

Pide, pues con grande humildad a aquella noble gente que, pues no se había despedido de su hijo, hi recibido de él los postreros abrazos en la Cruz al tiempo de su partida.

Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿Qué lengua podrá explicar lo que sintió? ¡OH, Ángeles de paz llorar con esta sagrada virgen, llorar cielos; llorar estrellas del cielo; y todas las criaturas del mundo acompañar el llanto de María.

Abrazase la madre con el cuerpo despedazado: apriétalo fuertemente en sus pechos para esto solo le quedaban fuerzas; mete su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, juntase rostro con rostro; tiñese la cara de la Madre con la sangre del Hijo, y riegase la del Hijo con las lágrimas de la Madre,

¡OH dulce Madre, ¿Es ese, por ventura, vuestro dulcísimo hijo? ¿Es ese el que concebisteis con tanta gloria y paristeis con tanta alegría? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¡Estos son aquellos ojos que obscurecían al sol con su hermosura! ¡Estas son las manos que resucitaban los muertos a quien tocaban! ¡Esta es la boca por donde salían los cuatros ríos del Paraíso! ¡Tanto han podido las manos de los hombres contra Dios.

Hijo mío y sangre mía, ¿De donde se levantó a deshora esta fuerte tempestad? Hijo mío, ¿Qué haré sin ti, a donde iré, quien me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían a rogarte por sus hijos y por sus hermanos difuntos y tú con tu infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías. Más yo que veo muerto a mi hijo, y a mi padre, y mi hermano, y mi Señor, ¿a quien rogaré por el, quien me consolará? ¿Dónde esta el buen Jesús Nazareno, hijo de Dios vivo que consuela a los vivos y da vida a los muertos? ¿Dónde está aquel gran profeta, poderoso en obras y palabras.

Hijo, antes de ahora descanso mío, y ahora cuchillo de mi dolor, ¿Qué hiciste por que los judíos te crucificasen, que causa hubo para darte tal muerte? Estas son las gracias de tantas buenas obras, este es el premio que se da a la virtud, esta es la paga de tanta doctrina? ¿Hasta aquí ha llegado la maldad del mundo, hasta aquí la malicia del demonio, hasta aquí la bondad y clemencia de Dios? ¿Tan grande es el aborrecimiento que Dios tiene contra el pecado? ¿Tanto fue menester para satisfacer por la culpa de uno? ¿Tan grande es rigor de la divina justicia? ¿En tanto tiene Dios la salud de los hombres? ¡OH dulcísimo hijo mío! ¿Qué haré sin ti? Tú eras mi hijo, mi padre, mi esposo, mi maestro y toda mi compañía.

Ahora quedo como huérfano sin padre, viuda sin esposo, y sola sin el maestro y tan dulce compañía.

Ya no te veré entrar por mis puertas, cansado de los discursos y predicación del Evangelio; ya no limpiaré mas el sudor de tu rostro, asoleado y fatigado de los caminos y trabajos, ya no te veré mas asentado a mi mesa comiendo y dando de comer a mi alma con tu divina presencia. Fenecida es ya mi gloria; hoy se acaba mi alegría, comienza mi soledad. Hijo mío, ¿no me habláis?

¡OH lengua del cielo que a tantos consolasteis con vuestras palabras, a tantos disteis habla y vida! ¿Quién os ha puesto tanto silencio, que no habláis a vuestra madre? ¿Cómo no me dejáis siquiera alguna manda con que yo me consuele? Yo la tomaré con vuestra licencia.
Esta corona Real será la manda; de estos clavos y de esta lanza quiero ser vuestra heredera. Estas joyas tan preciosas guardaré yo siempre en mi corazón; allí estará guardada vuestra corona, y vuestros azotes y vuestra cruz. Este es el mayorazgo que yo elijo para mí mientras me durase la vida.

¡Como dura poco la alegría en la tierra, y como se siente mucho el dolor después de mucha prosperidad!

La procesión sigue su curso. Aparece Jesús depositado en el Santo Sepulcro, sigue San Juan, la Magdalena, y Nuestra Señora Virgen de la Soledad. Luce un gran manto de terciopelo bordado en oro.

La Virgen bordó su manto
Y lo bordó tan bonito
Que lo estrenó el Viernes Santo
La noche del Entierro de Cristo.

Por último presidiendo esta gran Procesión el Ilustrísimo Ayuntamiento, acompañado de una banda de música interpretando una bonita, pero triste marcha fúnebre.

Barcelona a 8 de Diciembre de 2005

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