Feb 06 2006
Pregón 2005, por Antonio Lara Feria
Recogemos en este artículo el maravilloso Pregón de la Semana Santa del 2005, a cargo del Señor Don Antonio Lara Feria:

Ilustrísimo Señor Alcalde, Presidente de la Agrupación de Cofradías, Hermanos Mayores, Cuadrillas, Judíos, Cofrades y Pueblo de Baena.
Hace unos meses me llamo Julio Garrido, a la sazón Presidente de la Agrupación de Cofradías, para comunicarme que habían pensando en mí, para que me encargara de pronunciar el Pregón de la Semana Santa de este año.
Sintiéndome muy halagado por este honor que no merezco, reflexioné mucho mi respuesta, ya que una exposición de naturaleza no científica nunca ha sido mi fuerte. Además estaba preocupado y, sigo estándolo, de que no iba a dar la talla habida cuenta de los grandes pregoneros que hemos tenido la suerte de escuchar en anteriores ediciones. Luego ha podido más mi amor a la Semana Santa y a lo que representa para un baenense, mas si es creyente y judío “ejerciente“ como quien les habla.
Así es que con ilusión, con emoción y sobre todo con el corazón, intentaré exponer mis recuerdos, vivencias de Semana Santa, y… después hacer una reflexión profunda sobre el judío, sobre su tambor, y lo que significa en la Semana Santa de Baena como escenificación solemne de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Por último les hablaré de lo que es una Semana Santa para este judío.
VIVENCIAS DE SEMANA SANTA
Mi padre Antonio Lara Cañadilla, que en paz descanse, gran semana santero, Hermano de Andas de Jesús y judío coliblanco, me contaba que, en cierta ocasión, le obligaron a elegir entre una de estas dos pertenencias y que se decantó por la de judío coliblanco. Judío coliblanco que con Garabato, judío colinegro, preparaban los tambores durante toda la cuaresma, con gran ilusión y esmero, probando innumerables combinaciones de pellejos en distintos tambores, una y otra vez, hasta que elegían, según ellos, el que más tocaba. Primero con la Tortica, tambor de Pepe Vareas, y posteriormente con el “Junker” y el “Regaliz”, dieron bastante la lata.
Tenía una gran amistad con D. Damián Jorge, cuadrillero de la 4ª Cuadrilla de judíos de la cola negra, y de seguro que tocarían juntos el tambor en más de una ocasión. Mi padre le prometió, al contraer matrimonio, que su primer hijo sería judío “colinegro”. Y así fue, al nacer yo, mi padre me inscribió en la 4ª cuadrilla de judíos de la cola negra y desde muy pequeñito, como alguna foto familiar lo atestigua, me vistieron de judío colinegro.
Quiero recordar entre brumas, mí salida de casa vestido de judío con todos los arreos, casco, plumero, chaqueta, tambor, pero sin cola, porque mi padre solía repetir que en su casa no entraría nunca, una cola negra. Alguien venía a buscarme y en casa de D. Damián, donde reinaba su tambor el Fatigas, me ponían unos liñuelos de cola negra y entraba en la turba un ratito, muy cerca del Cuadrillero. Al morir D. Damián, contaba yo con ocho o nueve años, seguí saliendo de judío colinegro. Mi padre apañaba, unos cuantos liñuelos de cola negra -no cumplió su promesa- y con Garabato y sus hijos, continué saliendo un par de años más.
Posteriormente la situación se enfrió, y empecé a salir en la 4ª Cuadrilla, pero esta vez de la cola blanca, junto con mi primo Antonio Lara Vivar, José el del Lagar y mi hermano Paco. Tengo que hacer notar que mi padre, a pesar de pedírselo yo repetidamente, nunca me inscribió en esta Cuadrilla como judío. Salía de coliblanco pero sin número, hasta que al cumplir la mayoría de edad, me inscribí personalmente.
En 1960 marché a Barcelona a realizar mis estudios, a casa de mi tío Manolo Feria y mi tía Paca Lara. El primer año no vine a Baena en Semana Santa y el segundo, tenía tantas ganas de tocar el tambor que, después de un pequeño forcejeo, no tuvieron que insistirme demasiado para que saliera, con la cola negra, en la procesión del Domingo de Resurrección, con mi amigo Florencio Alarcón. ¡Eso sí!, hice prometer a Florencio que al año siguiente saldría él de coliblanco, el Viernes Santo por la tarde, en la procesión del Santo Sepulcro.
He de confesar que entonces, mi única preocupación fue: ¿qué dirá mi padre?. Naturalmente no dijo nada, respetó mi decisión. Luego he sabido que casos parecidos al mío se habían repetido, en hijos de grandes judíos como Demetrio López y Antoñito Pérez.
Lo que voy a decir a continuación, quizás haga arrugar un poco el entrecejo a mi querido Cuadrillero Fernando. Pero lo tengo que decir porque así lo pienso: que me siento colinegro y coliblanco o coliblanco y colinegro. Y además estoy convencido que de estos mismos sentimientos participan la mayoría de los judíos, que quieren a las dos colas en el fondo de su corazón, aunque externamente no lo demuestren.
Pienso que esa rivalidad y que esa competencia entre coliblancos y colinegros son muy sanas, porque hacen mejor al hombre y a cada uno de sus actos. Que esas bromas, que esas frases irónicas y algún que otro pique, son la salsa del judío y del tambor, pero no entiendo, ni apruebo, esas pequeñas o grandes trifulcas que algunas veces se organizan, como por ejemplo en los cruces de las Turbas el Jueves Santo, o los comportamientos groseros y/o incivilizados de algunas personas, que han dado lugar a dos hechos muy lamentables que, en mi opinión, ensombrecen a nuestra Semana Santa:
Que la noche de Jueves Santo no procesione la Turba de la Cola Negra y
La ausencia de la Turba de la Cola Blanca en la Procesión del Domingo de Resurrección.
Por eso, desde este lugar Sagrado, pido a todos los judíos y principalmente a los Cuadrilleros y Hermanos Mayores, que dialoguen, y que hagan todo lo posible para que el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección los judíos de ambas colas procesionen juntos. Que todos sepamos olvidar viejas rencillas que a nada conducen y que seamos magnánimos, dando de lado a añejas susceptibilidades, obsoletas y caducas, a la hora de determinar si una Turba va delante, en medio o detrás de la otra ¡que más dará!, es en este caso irrelevante.
Lo importante es realzar con todo el esplendor posible a estas dos Procesiones, y saber buscar, con altura de miras y sentido común, la solución mas conveniente como se supo buscar y encontrar para la Procesión del Domingo de Ramos. ¡Qué bonito sería poder despedir cada año a la Semana Santa con las dos Turbas en la Procesión! Así la recibimos el Domingo de Ramos y con las dos Turbas le diremos hasta el año que viene si Dios quiere.
Siguiendo con mis recuerdos de judío debo decir que mi atracción por la Turba blanca, se debía a la admiración que sentía por la gran cola que lucía José el del Lagar; por la elegancia y buen porte de Rafael y Bartolomé Alarcón los Sastres y Domingo Tarifa; por la alegría y animación que imprimía a la Turba, Antoñito Pérez; por el magnífico redoble de José Malpica, sobresaliendo entre todos, la tarde del Viernes Santo, bajando desde la plaza Palacio al Llano de Guadalupe, después de recoger a las autoridades.
Si me permitís un paréntesis os diré, que con fuerza y emoción se me viene ahora a la memoria un recuerdo, ciertamente excepcional, de un Viernes Santo por la tarde, cuando nos dirigíamos a Guadalupe para sacar la Procesión.
La Turba Blanca se encontraba en la Calzada a la altura de la Farmacia de Alcalá y de la Panadería de A. Lara, cuando de repente se oyeron unas trompetas, unos fuertes gritos, recios y marciales, mezclados con otros de miedo y asombro. Unos soldados, a paso ligero, subían desfilando por la Calzada, estimulados por las voces de mando de sus jefes. Mis piernas temblaban de miedo y sorpresa. Después supimos que era una Bandera de la Legión, que venía a rendir honores en el Santo Entierro. ¡Aquel Viernes Santo fue inolvidable!
Cerremos el paréntesis y retomemos de nuevo el hilo del discurso. Para ello nada mejor que citar a algunos de mis compañeros de Turba: Pepe Cañete, hermanos Mata, hermanos Vaca, Antonio Albendín Crisantos, Antonio y Rafael Cubillo y Joaquín Lucena, Repiso, Julio Pérez y Liborio Muñoz.
Recuerdo también a Pepe Mata que se pasaba la Cuaresma preparando pellejos y tambores para todos. Su albardonería era una continúa tertulia de Semana Santa y su gran generosidad le llevaba, en ocasiones, a quedarse él con los peores pellejos porque los mejores eran para sus amigos. A Toribio Ocaña con su bar en el Campillo. El Ideal de Pepe Vareas, ¡que bien sonaban los tambores en él!
También sonaban muy bien en los dos Suizos: primero en el de la esquina de la calle Nueva y Calzada y después enfrente, en la Calzada, en el Lagar de Reyes, en el Colón con Mariano Cárdenas, en el Nuevo Bar, en el Capitol y como no en El Nacional. Por cierto que en una de las esquinas de la Plaza Mayor de Valladolid hay un bar que se llama el Ideal Nacional, y que tiene una barra idéntica al Nacional así como los apoya brazos y pies, de tubos dorados. ¡Cuantos recuerdos!, calle Llana Los Claveles, bar Triguero Cerrillo, el Luqueño, Pedro Menciano, bar la Aurora.
La memoria se dirige ahora hacia Rafalito Guijarro Cruz el Cristiano, que con sus grandes manos que podían acunar a un bebé, y con sus dedos gruesos y fuertes como ganchos de acero, era un maestro apretando tambores. Rafalito tiraba con un solo dedo del cordel, siguiendo una a una todas las anillas del tambor. No quisiera olvidar a Mateo Ortiz, el de la Botica, con su famoso tambor.
También recuerdo a una hermandad o agrupación provisional, ¡no sé muy bien como llamarla!, que con túnica blanca y capa azul andaba las Estaciones tocando con su tambor:
Lo mismo me da
Lo mismo me da
Tirar por la calle Mesones
O por el Corralaz
Respuesta jocosa de algunos judíos a la gran polémica que se organizó por el cambio de itinerario de una Procesión.
Más tarde aparece en mis Semanas Santas Florencio Alarcón y Pablo Jiménez González Paulín, ¡cuantos buenos ratos tocando, y haciendo el recorrido completo!, Calzada, calle Mesones, plaza Vieja, calle Llana, Llano de Guadalupe. Toques de paseo, redobles, charlas con otros grupos de judíos que encuentras en el camino. Naturalmente siempre la misma conversación, mi tambor, tu tambor, su tambor. Todos pensamos que el nuestro es el que más y mejor toca, porque entre el judío y su tambor se establece una íntima relación que dura hasta la muerte.
En estas se rompe un pellejo y vas a cambiarlo a casa de alguien. Y allí sigue la ceremonia con charla llena de alegres comentarios, y anécdotas regadas ¡como no! con buen vino de Doña Mencía -Lama, Luque, Crismona, Pablo Recio -, pues aún no existía el fino Baena.
Momentos y buenos ratos que pienso que hay que saber aprovechar, pues para eso Nuestro Dios nos los ofrece, siempre que los sepamos vivir con orden y concierto.
Entrañable y especialísimo recuerdo tengo de un Jueves Santo en que Florencio, como hacía siempre, había preparado nuestros tambores Junker y Regaliz. Veníamos de la Plaza Vieja, del bar la Aurora, Florencio, su hijo Manolo que era muy pequeño y yo. Florencio tocaba el tambor de Paulín y yo el Regaliz, mientras que el Junker se había quedado en mi casa. Al pasar por la Calzada mi padre, que de seguro había comprobado el estado en que estaba el Junker, nos preguntó: ¿Puedo tocar con vosotros?. Como siempre ocurre, Florencio se adelantó y respondió el primero: Por mí no hay inconveniente, pregúnteselo a su hijo Se unió a nosotros y comenzó a tocar después de catorce años sin hacerlo. Llegamos al Suizo, y allí se nos incorporó mi tío Paco Feria. ¡Que bien sonaron ese día Junker, Regaliz y el tambor de Paulín!
Posteriormente pasamos mi hermano Paco, José Reyes, mis hijos y yo a la 6ª Cuadrilla de judíos de la Cola Blanca, de la que es Cuadrillero Fernando Cruz. Nos acogieron como si hubiésemos sido fundadores, motivo por el cual estamos profundamente agradecidos. ¡Agradecidos y gratamente sorprendidos!, ya que en esta Cuadrilla se celebra todos los Sábados Santos el día de la mujer, para que ellas sean servidas y atendidas por los judíos, tratando de corresponder, sin conseguirlo, a lo que ellas han hecho con nosotros el resto de la Semana Santa.
Así mismo, pienso que hay que felicitar y homenajear a la Mujer Baenense, que desprendiéndose de prejuicios, miedos y falsos pudores, participa de forma masiva en nuestra Semana Santa y a la que se debe una parte muy importante del esplendor actual de la misma.
ANÁLISIS DEL JUDÍO
Muchos forasteros amigos míos o compañeros de trabajo, han visitado Baena en los últimos diez años. Han recibido la hospitalidad baenense, y han oído hablar de nuestras aficiones y de nuestras cosas. Posteriormente en las charlas que surgen durante el descanso, tras las diferentes reuniones de trabajo, todos comentan lo mismo: Esto de la Semana Santa debe ser algo excepcional, algo muy grande. Siempre que venimos no pasa un sólo día sin que en la conversación salga a relucir la Semana Santa. Ya me contarás de que se trata. Luego cuando tratas de explicar algunos pasajes, anécdotas o actos de nuestra Semana Santa, no los entienden.
Esta incomprensión quizás sea más acusada en los castellanos, que acostumbrados a la sobriedad, austeridad y religiosidad de la Semana Santa de Castilla -Valladolid, Zamora, - no les resulta fácil entender nuestras actitudes que les parecen, si no irrespetuosas, al menos algo folklóricas. A nosotros nos sucede algo por el estilo, pero al revés, con la Semana Santa castellana. Voy a poner un ejemplo, para tratar de ilustrar lo que vengo diciendo.
La primera vez que asistí en Valladolid a la entrada de la Virgen de las Angustias, impresionante y maravillosa talla de Juan de Juni que al mirarla te comunica el tremendo dolor y, sobre todo, la ANGUSTIA que debió sentir la Virgen al ver a su hijo en la cruz, Carmen, mi mujer, y yo pensamos lo mismo: que allí se echaba en falta una saeta, por seguirillas o martinetes, que pudiera expresar todo ese dolor que se dibuja en su rostro.
El año pasado en Valladolid y en el mismo instante a que antes me refería, inopinadamente, una saeta desgarró el silencio y dio escape al dolor y pena contenidos en el corazón de los presentes. Fueron momentos impresionantes, llenos de emoción y de sentimiento, que hicieron conectar a los que allí estábamos presentes con el dolor de Nuestra Señora de las Angustias. A pesar de ello una gran mayoría de personas no lo comprendieron ni lo aprobaron, sobre todo los que no estaban presentes. ¡Como lo van a comprender, si no tienen nuestro carácter ni nuestra sensibilidad!
Hay otros hechos chocantes, que también se producen en nuestra Semana Santa, como son:
Que los judíos salgan de la Turba o entren durante la procesión.
Que se toque el tambor en la Turba a contra tiempo durante la Procesión, es decir que se cambie el toque de la Turba.
Que haya judíos tocando el tambor fuera del recorrido de la Procesión, cuando esta está en la calle.
Estas cosas son difíciles de entender para un espectador foráneo, e incluso para algunos baenenses, y es por ello que algunos puristas, de entre nosotros, lo intentan corregir.
Bajo mi punto de vista el judío es eso judío, anárquico, soberbio, hipócrita, envidioso, charlatán, mentiroso, sepulcro blanqueado
según nos muestra el Nuevo Testamento. Hay que dejarle libertad para que ejerza de judío; es más la Turba no es más que eso, una turba, una multitud ruidosa y vociferante, que lanza gritos contra el Nazareno.
¡Dejémosles pues que hagan de turba!
¡Pero atención, qué nadie se ofenda con lo que acabo de decir!, porque Jesús y su Bendita Madre son judíos, y porque Pedro y los demás apóstoles también lo eran.
Yo personalmente, me he preguntado muchas veces: ¿es pagana o cristiana esa actitud y ese comportamiento del judío? Y también me pregunto: ¿por qué toco el tambor en Semana Santa? ¿Estoy rememorando la Pasión de Jesús, o simplemente estoy pasándolo bien, haciendo una tarea que me gusta?
Sinceramente me resulta difícil responder con objetividad, y si lo hago sin meditar me inclino por lo segundo, porque verdaderamente disfruto cuando toco el Junker, el Regali, el Minutos o el Segundín. Porque realmente disfruto cuando el Viernes Santo por la tarde, Florencio me deja alguna de sus cajas de música.
También me he preguntado reiteradamente,¿que piensan y sienten tantos buenos judíos, orgullosos y apasionados, con sus admirados tambores?: Antoñito Pérez con Cirila, Demetrio López con Cristal, Pepín Vareas con Tortica, Paco Piernagorda, Manolo Torrecilla, y un largo etcétera en el que están incluidos todos mis queridos amigos y compañeros de tambor, como Rafael Villarreal, Pepe Mata, Sebastián Márquez, Pedro Villena, Rafael Serrano, , y algunos ya desaparecidos como Manolo Baena, Mariano Valverde y José Luis Martín. ¡Que buena raza de judíos! Manolo era todo entusiasmo, Mariano incansable y José Luís la pasión, que nos dejo y se fue con Jesús de Nazareno con los arreos puestos.
Y vuelvo a preguntarme: ¿piensan en la Pasión o están disfrutando del momento?
Un primerizo visitante de nuestra Semana Santa seguro que pensará admirado: ¡Como se lo pasa esta gente! ¡Ni siquiera duermen! ¡No cabe duda de que saben divertirse, porque esto es lo mas parecido a un carnaval.
¡Cuan equivocados están! Por qué la apariencia es muy diferente de la realidad. Todos ellos llevan a Jesús de Nazareno en su cabeza y en su corazón, y no solo en Semana Santa, sino también durante toda la Cuaresma e incluso, me atrevería a decir, durante todo el año.
A pesar de esa engañosa apariencia, de esa algarabía y de ese aparente desenfado, existe una tremenda religiosidad. ¡Con que seriedad y maestría se representan pasajes de la Pasión y del Evangelio! Tiene empaque y seriedad el sorteo de la Sagrada Túnica el Viernes Santo por la noche, como tipismo y verdad tienen el Prendimiento y Venta de Jesús. Originalidad e ingenuidad derrocha el Paso de los Evangelistas y el abrazo de Judas. Si los analizamos con detenimiento, observaremos la seriedad con que los realizan sus protagonistas y además caeremos en la cuenta de que no existe en ellos nada burlesco, y que nunca se han producido, en estas representaciones, un episodio indecoroso. ¡Nunca!, aunque los forasteros los vean jocosos.
Hay que hacer un análisis del carácter y de la forma de ser del baenense, para comprender en toda su dimensión al judío y su comportamiento en Semana Santa. Para ello vamos a apoyarnos en el libro de José Luque Requerey titulado “El viernes Santo al sur de Córdoba” donde relata la Semana Santa de Priego, Lucena, Puente Geníl y Baena. Y citando a Díaz del Moral nos traza un retrato bien acabado de las gentes de estos pueblos que no nos hemos resistido a resumir aquí.
“El campiñés, dice, es desprendido, generoso, expansivo, efusivamente hospitalario, imaginativo, entusiasta, amigo de novedades; siente vivamente la igualdad, es inculto, pero inteligente, percibe con prontitud y expresa con soltura su pensamiento… Su imaginación excesiva, deforma y abulta los contornos de lo real, originando las hinchadas imágenes de nuestros poetas y las exageraciones del lenguaje corriente; aplicada al propio valor, produce ese sentimiento de impoderada sobreestimación de la persona y de cuanto le pertenece, tan frecuente en todas las clases sociales, que degenera a veces en ridícula fanfarronería.
El entusiasmo que allana montañas, dura poco, cambia fácilmente de objeto es inconsciente y deleznable y viene a parar en la depresión y en el desánimo. Entonces retoña en el alma cordobesa la tara degenerativa del fatalismo musulmán
Estaba escrito decía el mahometano, y el andaluz dice ahora Estaba de Dios en el mismo libro cita también a Caro Baroja dice Son locuaces y atrevidos de expresión, son imprevisores, poco religiosos con tendencia anarquizantes.
Toda esta personalidad, carácter y forma de ser, es imprescindible para comprender las actitudes y comportamientos del judío, que si es verdadero judío lo será todo el año y muy especialmente en Semana Santa. Toda esta personalidad, carácter y forma de ser, nos viene como anillo al dedo para hacer de judíos.
El judío baenense programa su próxima Semana Santa, desde el lunes de Pascua del año anterior. Hace repaso de los fallos, deterioros o desgaste de los arreos y piensa: el año que viene necesito unas baquetas, un tahalí, un plumero pero después mandan las circunstancias y la economía, y entonces las necesidades se cubren en ese año o al siguiente, o no se cumplen en largo tiempo. Pero en la mente de todos está mejorar su equipamiento.
En primer lugar hay que mejorar los pellejos, conseguir una piel de cabra y empiezan las cábalas si será mejor uno de chivo o al contrario si uno de plástico. Llega la Navidad, y empezamos a pensar en la cola, lavarla, pintarla, trenzarla. En Febrero, se sacan los tambores, se limpian para poder tocar y probar en algún Miserere, y así empezar a matar al gusanillo.
Detrás de cada uno de esos actos o acciones, aparentemente superficiales y rutinarios, hay un motivo que puede pasar oculto o escondido para el espectador poco observador. Estos gestos tienen un significado mucho más profundo, mucho más trascendente, que a veces puede pasar inadvertido, incluso para muchos baenenses, pero no para el judío. Porque él sabe mejor que nadie, que empieza a prepararse para vivir, con un protagonismo impresionante, el acontecimiento histórico más importante para un cristiano; la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
Vamos a analizar una por una estas acciones o hechos.
La Semana Santa es la fiesta del judío y por tanto tiene que ponerse sus mejores galas. Y ello le exige lucir el tambor, que es su joya más preciada, juntamente con el casco. Ha de limpiar los fondos y el casco con exquisita minuciosidad, hasta conseguir de ellos un brillo especular. Y cada cierto tiempo debe renovar las anillas, los aros,
para que estén siempre lo más vistosos posible. Hay que hacerle un traje nuevoal tambor.
No me resisto a incluir aquí unos versos del pregón pronunciado por Carmelí Piernagorda:
El tambor y el vinillo
Son dos buenos compañeros
Que se meten en el cuerpo
Como un gran gusanillo
Haciéndose sentimiento
Sin los dos el judío
No podría clamar su quejío.
O como dice en otros versos Pepe Segura, el Trovador de Baena:
Cada Semana Santa
Con tu sonar te haces canto
Que llena todo el espacio
Elevas a nuestro espíritu
Y como humilde plegaria
Te haces oración común
Del pobre y del potentado
Que tan que tamplan
Que tan que tamplan
Lo mismo se podría decir de la cola, del plumero, de la chaqueta, del pantalón .
El tambor no solo debe tener un traje nuevo sino que además tiene que sonar, tiene que tocar bien, al menos, en el oído de su dueño. Para eso es preciso amoldar los pellejos, el de arriba y el de abajo, y tener preparados algunos de recambio por si se rompen, cosa que sucede con frecuencia, por un golpe mal dado o en sitio no conveniente. Otras veces el que estalla es el pellejo de abajo, como consecuencia de una corriente de aire.
El tambor es como un automóvil de Fórmula 1, que siempre va al límite de rotura: cuando mejor toca se rompe. Y el secreto está en mantenerlo unos puntos antes de que rompa y que aguante toda la Semana Santa, ¡cosa harto difícil!
¿Cuantos apretones lleva un tambor?, ¿cuantas veces probamos con el pulgar su punto!, y ¿cuantas veces miramos y retocamos los chillones? ¡Incontables! Es un trabajo ingente que, por lo general, lo hace el mismo judío o algún amigo que sea fuerte y que esté mejor preparado para ello. ¡No hay dinero en este mundo para pagar la ayuda que nos prestan los amigos en Semana Santa! Y tocar el tambor, con alguien alguna vez, es ser amigo para toda la vida.
El judío es ruidoso, su tambor va diciendo:
Despierta
Piensa que ocurrió con Jesús
No te duermas
Recapacita
Y esto lo hace en la Turba, en los bares, en la calle, y a cualquier hora del día, o de la noche, desde la madrugada del Miércoles Santo, cuando echa las cajas, hasta que se encierra la última Procesión.
Pero no le pidáis compás al judío porque es indisciplinado en todo salvo en dos cosas, en el color de la chaqueta y en el color del pantalón. La anarquía, que es su misma esencia, se manifiesta tanto en el bordado de la chaqueta, como en el repujado del casco. Y hasta si me apuras en el tamaño de su tambor,
¡no se le debe prohibir nada! Todo está dentro de la tradición mientras se respeten las creencias y la libertad de los demás.
Otra cosa son, sus sentimientos, sus creencias, su religiosidad. Como tremendo machista que es y que reconoce públicamente, no se atreve a manifestarlos, porque para su enorme complejo de ser muy hombre, sería una muestra de debilidad. Sin embargo, todos sabemos, que desde el comienzo de la Cuaresma, el judío está pidiendo a Dios perdón y misericordia.
¿Qué son si no los misereres que se celebran, todos los viernes, en el marco incomparable de la iglesia de San Francisco? ¡Acto entrañable, con el canto del Salmo 50, compuesto por el rey David en señal de arrepentimiento! ¡Qué emoción y que impresión más particular siente, cuando se escuchan las saetas y el toque de Turba! ¡Qué sentimientos, tan difíciles de explicar, se experimentan cuando se recibe la bendición de Jesús Nazareno! ¡Y cómo se humedecen los ojos, cuando restalla en el aire ese grito, vibrante y familiar, Viva Nuestro Padre Jesús Nazareno!.
Llega el Martes Santo y con él, el Miserere de la Cola Blanca. El recorrido hasta San Francisco, para los coliblancos, sirve de ensayo general y puesta a punto de todos los arreos. Luego en el Templo se repite lo mismo que en los misereres anteriores, pero en esta ocasión rindiendo culto e implorando perdón a Nuestro Padre Jesús del Huerto. Pero para nosotros los coliblancos este miserere es el mejor, ¡es el de la Cola Blanca!, y ¡ya me ha salido ese carácter de la Campiña, al que antes hacíamos alusión!.
Y llenos de sueños esperamos la madrugada para echar las cajas en la que se rompen los silencios y se desbordan los toques que tan que tampla Semana Santa. Los judíos deambularán por las calles de esta Baena soñada, entrarán en los hogares de algunos amigos, reposarán en los Cuarteles, buscando el mejor lugar para acomodar su tambor en un lugar privilegiado y presumiendo que es su mejor tesoro.
Avanza el día pregonando su que tan, que tampla es Semana Santa, hasta que el crepúsculo se pone sobre los olivares, para recordarnos que tenemos que acompañar a Jesús a orar entre aceitunas o limones. Jesús se aparta para indicarnos como se debe orar frente a frente, en la intimidad, con nuestro Padre y Creador. ¡Arrepentimiento y perdón!, regado con la inocencia, que es lo que me inspiran los trajecillos blancos.
Como nos decía el inolvidable Matías Prats, en su Pregón, en las relaciones del hombre con Dios todo esta permitido, todos pueden orar en todos los momentos y situaciones tanto los justos como los pecadores y los impíos. Por que Dios es espacio y libertad y a Él podemos verdaderamente decirle todo, y diciéndolo como Sepamos, Queramos y Podamos. ¡Y una manera de decir muy de Baena, es tocar el tambor!
Por eso y porque estoy firmemente convencido, me atrevo afirmar que, el toque del judío, puede ser verdadera oración. Y por tanto puede servir perfectamente, en su ingenuidad y sencillez, para acompañar a Jesús en su camino hacia el Calvario. ¿No tienen un significado especial para nosotros aquella estrofa de El Pequeño Tamborilero: Cuando Dios me vio tocando ante El, me sonrió? ¡Si queridos paisanos, tocan y rezan todos los tambores de nuestro Pueblo!
Avanza la Noche del Miércoles Santo y el judío extenuado descansa, no sin antes buscarle acomodo a su tambor en un lugar de privilegio, en su vivienda: se suben las anillas, se quita de las corrientes de aire, y algunos hasta lo arropan con mantas para evitar que coja humedad. Y piensa: mañana es la confesión y debe estar a punto para seguir tocando, para seguir rezando.
¡Mañana de Jueves Santo!, el día más intenso de nuestra Semana Santa, el día del Amor fraterno. Es el mejor día para dar amor y recibir perdón. La Puerta de Córdoba se llena de tambores, que tocan a unión y a confesión, y con ella Baena será reconfortada.
¡Y de nuevo los tambores y el ondear de banderas en la tarde del Jueves Santo! Se celebran los Santos Oficios, y las gentes de Baena abarrotan las iglesias, donde se va a celebrar la otra gran prueba de amor, que Jesús nos dio, al quedarse con nosotros en la Eucaristía. Y en todas las iglesias sonarán los tambores y redoblarán de gozo, cuando el sacerdote nos muestre la Sagrada Forma, donde Jesucristo está en ella con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad.
Jesús se ha quedado entre nosotros para remediar nuestras flaquezas, nuestras dudas, para curar nuestra soledad, nuestra perplejidad, nuestros desánimos, para acompañarnos en el ánimo, para sostenernos en la lucha. Sobre todo para enseñarnos a amar, para atraernos a su amor. Son palabras de Monseñor Javier Echevarría, Obispo-Prelado del Opus Dei, con motivo del año Eucarístico convocado por SS Juan Pablo II.
Terminan los Oficios y comienza de nuevo el ajetreo de colores, desfile de hermanos, con sus túnicas bien planchadas, dirigiéndose a sus lugares de concentración. Y se inicia también el desfile de los muchos espectadores que tras ver el discurrir de las Cofradías, irán también a andar las estaciones, visitando los Monumentos de Guadalupe, San Bartolomé, Santa María la Mayor
Retumban los tambores en las viejas piedras de las iglesias de San Bartolomé y Santa María la Mayor. Los judíos bajan la celada de sus cascos, con humildad y respeto, al pasar en su paseo por los templos, delante del Santísimo.
Las centurias romanas cambian el paso, de marcha rápida a marcha lenta, y tocan sus trompetas para hacer más pausada su visita y su oración más melodiosa ante Jesús Sacramentado.
Los adoradores del Santísimo velan, cual estatuas humanas, a Nuestro Señor Jesucristo reservado en él Sagrario. Con su porte majestuoso y marcial pretenden hacerle olvidar, el desprecio y las burlas que sufrió, aquella mala noche, en casa de los Sumos Pontífices. Sin mover un solo músculo de su cuerpo, su vigilia de amor y reparación, adquirirá este año una especial significación y solemnidad porque, no en vano, todo el orbe católico está celebrando el año de la Eucarística.
Venid Adoradores, adoremos a Cristo Redentor. Y en respuesta a esta llamada, un judío amigo mío, y por cierto muy buen judío, en esa tarde-noche, toque su tambor o no toque, se encuentre donde se encuentre, sea la hora que sea, cuando se aproxima su turno de vela desaparece. Y una vez terminado su importante compromiso y cumplido su deber, reaparece silenciosamente sin dar más explicaciones.
Termina la tarde más importante del año para un judío baenense. Y cuando esta comienza a cobijarse bajo el manto de la noche, en el llano de Santa Marina sale la Vera Cruz, que da nombre a toda su Cofradía. Tras su estela brota un clamor de tambores, de judíos y sayones, que ondean sus colas blancas al raso para envolver a un Judas, que envidioso y traicionero, va a vender a su Señor. ¡Por treinta miserables monedas va a llevarse a cabo el Prendimiento de Jesús!
Pedro, dormilón en el Huerto de Getsemaní pero bien despierto en esta Baena, pide y obtiene de su Maestro un abrazo de despedida para después poder seguirle al encuentro con Pilatos. Acto impresionante, realizado en la angosta calle, bajo la mirada atenta de piedras ancestrales escoltadas por las dos torres del Castillo. ¡Jesús es prendido! y comienza su carrera, su pasión, y los judíos le acompañamos tres o cuatro horas en su camino, que no es precisamente de rosas.
MI PARTICULAR SEMANA SANTA
Cuando voy en la Turba vienen a mi mente, con frecuencia, las variadas imágenes de Jesús que reciben culto en nuestras Procesiones: Jesús de la Ventana, Jesús de los Azotes, Jesús del Huerto
y me pregunto admirado: ¿cómo es posible aguantar tanto tiempo sin parar de tocar?
Como tengo mucho tiempo para pensar, porque el recorrido es largo y dura tres o cuatro horas, pienso y me traslado con la imaginación al primer Viernes Santo de la Historia. Me imagino todas las escenas que ahora representamos y veo, como en una película, lo que fueron esas horas amargas para Jesús. A decir verdad, esa visión me la ha facilitado mucho el recuerdo de la reciente película La Pasión de Mel Gibson.
Me asombran algunos comentarios surgidos con ocasión de esta cinta cinematográfica, de labios de personas que se dicen demócratas y progresistas: ¡crueldad innecesaria!, ¡no hace falta mostrar tanta sangre!
La historia demuestra que la crueldad, las guerras, viven paralelas a la existencia del hombre, y que la pasión de Nuestro Señor Jesucristo fue así, cruel, espantosa, dolorosamente insoportable para un hombre y algo incomprensible desde el punto de vista humano.
Vuelvo a la realidad al día de hoy y noto que el tambor pesa pero suena, y sé que suena porque los demás miran. Cuando aprieto el toque ya no pesa, siento a mi lado el trallazo de otros chillones y entonces el que mira soy yo. Aquel otro tambor también suena y siguo aguantando, y vuelvo a pensar en Jesús, en su Corona de Espinas, y sigo tocando realizando la misión que yo mismo he elegido en esta rememoración.
¡Cómo pesan el casco y el tambor!, ¡esto es muy pesado! me digo, pero sigo tocando. ¡Que bien suena mi tambor!, pienso en los latigazos y me propongo aguantar hasta el final, porque ¡Él aguantó más! Subo la enorme pendiente detrás de la Casa del Monte, hasta Santa Marina. ¡La cuesta se hace interminable!, ¡parece el Himalaya! Jesús del Prendimiento entra en su templo acompañado por su Madre que, con lágrimas de Dolor, le sigue muy de cerca esta noche y siempre.
Me despido de la Virgen con una breve oración, pues convencido estoy de que ha debido estar muy acompañada, en su dolor y sufrimiento, a lo largo de toda la Procesión con esos pensamientos que han sido contemplación, que han sido verdadera oración mental, y que han brotado en una cabeza que rezaba a la vez que hacía sonar su tambor.
Se hace el silencio en la Almedina. Dejo el tambor y los arreos, pero no mi chaqueta roja. Subo a la Procesión del Silencio con mi esposa, para seguir acompañando a Jesús en su Vía Crucis, para pedir perdón por nuestros pecados. Se produce el cruce con los judíos arrepentidosLos Enlutados, y se nos eriza el vello de emoción y sentimiento.
Nos retiramos a descansar unas horas para levantarnos al alba y poder seguir acompañando a Jesús, en su subida por la Puerta Córdoba, calle Llana y Calzada.
Bien abrigados, tomamos cada uno un cirio y marchamos a San Francisco a esperar la salida de Jesús Nazareno, del Abuelo Bendito como le llaman los Negros.
Lloras con el corazón cuando Jesús con su cruz, cruza el dintel de la puerta del templo y sale al patio de entrada para comenzar la subida al Calvario. ¡Miles de personas con sus cirios encendidos le acompañan! Algunas van descalzas, otras van calzadas; otras solo cubren sus pies con calcetines o medias y todas con una fe mucho mas grande que los cirios que llevan encendidos. ¡Van de promesa! Y yo musito en mi interior: Ya ves, Señor, no vas solo. Observa cuanta gente te acompaña, cuanta gente que no te olvidan, cuántos que marchan contigo.
Llegamos al Paseo, vuelvo a mi casa y mi sitúo en el balcón con mi familia o directamente en la calle para admirar el desfile procesional. Pasa la Centuria Romana, los Profetas y los Hermanos de Andas de las distintas imágenes. Pero cuando aparece Jesús Nazareno con su Cruz, rompe el aire una saeta. Todos rezamos con él, porque ¿quién no reza en Baena al sentir una saeta? ¿Quién no se adhiere a lo que canta el saetero? La emoción sube muchos grados, cuando alguien grita: ¡Viva Nuestro Padre Jesús Nazareno!.
¡Impresionante el abrazo de los Apóstoles que se despiden de Jesús! y ¡cómo me interpela en lo más hondo, la escena en que Judas lo rechaza! Ese abrazo que San Pedro recibe de Jesús y que los trasmite a los demás Apóstoles, es el inicio de una fuerte cadena, de una cadena de amor que durará hasta el final de los tiempos. Y cada uno de nosotros somos eslabones de esa misma cadena.
Ya se oyen los tambores, ¡esos son mis compañeros los judíos! Mi corazón se llena de satisfacción. Por el contrario veo como algunas personas se sitúan detrás de los cristales, por que les molesta el ruido, ¡y es que son más de hora y media pasando judíos! Yo bajo a la calle para escucharlos bien, para oír su concierto, para sentir su oración. Y cómo El Pequeño Tamborilero, siento la sonrisa de Dios.
Y observo que viene Fulanito, ¡qué bien toca su tambor!; Menganito está cansado, pero Zutanito viene radiante. ¡Que buen tambor asoma por allí!, surge la parte humana del judío, y me preparo a disfrutar escuchando el concierto de la Turba. ¡Hora y media!
Por último aparece la Virgen de los Dolores. Una saeta, que consuela a la Madre que esta viendo morir a su hijo, desgarrada de dolor. Nos unimos a su pena y se tornan los ojos llorosos, una vez más.
Ya en el Paseo, colmado de público, Jesús es portado a hombros al encuentro de su Madre. Se despide de Ella antes de ser prendido para comenzar su Pasión. A continuación Jesús Nazareno imparte su bendición para Ella y para todo el pueblo de Baena allí reunido.
Dos judíos se dirigen a la Turba en busca de Judas, para hacer el trato y prender a Jesús. De nuevo queda al descubierto la avaricia del Apóstol, que le bastan treinta monedas de plata para consumar su traición. Una luz surge para descubrir a Jesús en la oscuridad del Huerto y, brilla en la noche, la espada de Pedro que hiere a Malco en una oreja.
Consumada la traición, los judíos se introducen bajo las andas y en una rápida carrera se llevan la imagen, ante el júbilo del resto de los judíos que lo manifiestan con el ondear de las Banderas y el toque de sus tambores.
Los Hermanos de Andas de Jesús lo rescatan con gran celeridad y se reinicia la Procesión con los judíos y hermanos acompañando a Jesús en su recorrido.
Cuando pequeño me decían, que el día en que los judíos consigan bajar las escalinatas del Paseo portando las andas de Jesús sin que sus Hermanos consigan evitarlo, al siguiente año lo sacarían en Procesión los judíos colinegros. ¡Toda la atención del mundo era poca para observar como terminaba aquel lance!
Media tarde del Viernes. Pasa la Turba de la Cola Blanca recogiendo judíos y a las autoridades, religiosas y políticas, que acompañarán a Jesús en su Santo Entierro. Procesión cumbre del judío coliblanco. Fastuosa, seria, elegante. Pasea su luto por todo el recorrido.
Se va formando el desfile procesional a la salida de la iglesia de Guadalupe: Cristo de la Sangre, Virgen de las Angustias, Sepulcro, etc
Me retiro de las Banderas de la Turba para admirar a la Centuria Romana, con sus nuevos toques de cornetas y redobles. Van desfilando a marcha lenta; admiro el cruce de los gastadores, y las marchas de Semana Santa que van interpretando…
Me pongo de nuevo los arreos y, en el Llano de Guadalupe, me incorporo a la Turba para acompañar a Jesús en su Santo Entierro.
¡Llano de Guadalupe, espacio abierto donde con frecuencia se observa la mirada extrañada de algún forastero que, atrapado en el cruce de la carretera, decide quedarse para admirar a los judíos! Majestuosas colas blancas, bien rizadas; coloreados plumeros y buenos sonidos de tambores que van repartiendo sus sones
Semana Santa
Semana Santa
Sepultamos a Jesús
Pero resucitará, pero resucitará
La Turba se adentra en la Calzada; los tambores suenan mejor y se repiten los mismos pensamientos:
El mío toca
Los otros tocan
Miro a mis amigos
Y a la familia que me acompaña
Voy satisfecho, estoy en la Fiesta del tambor
Rezando y tocando
E imaginando la sonrisa de Jesús.
Sigo pensando y me traslado a mi juventud. Casi sin querer, me viene el recuerdo de los grandes judíos que acompañaban, con sus redobles, al Cristo de la Sangre:
José Malpica, Pepe Vareas, Paco Navarro
Al Sepulcro: Francisco Veredas, Francisco Ocharro, Antonio Pulido
A San Juan: Antonio Lucena con la Cirila, Antonio Lara con la Tortica, Rafalito Guijarro (El Cristiano)
No había cámaras de vídeo para poder grabar esos momentos inolvidables, pero en mi retina y en mi memoria quedaron fijados para siempre.
El Viernes Santo todo es formalidad, seriedad y gallardía. Máximo orden en las filas de los hermanos de andas. Disciplina y caballerosidad en la Turba. Cuando se llega al Paseo, se descansa y se respira un poco, pues ¡qué larga se hace la calle Mesones!
Todos aguantan y no solo aguantan, sino que todos tocan cada vez más fuerte. Saben que todo ha pasado ya, pero que Jesús resucitará para ayudarnos y para que en el hombre renazca la Esperanza.
El judío coliblanco va contento, va radiante como lo irá el colinegro el Domingo de Resurrección. Se sabe y lo es, el protagonista de la Semana Santa de Baena. Sin él nuestra Semana Santa sería igual que las demás. Su alegría procede, también, del convencimiento pleno que tiene de haber cumplido con su papel y con su función: ha tocado el tambor todo cuanto ha podido y lo mejor que ha sabido.
¡COLINEGROS y COLIBLANCOS!, ¡COLIBLANCOS y COLINEGROS!, seguir tocando, sed alegres, respetuosos, incansables. TOCAD, TOCAD, TOCAD, mientras el cuerpo aguante, porque así es como vosotros sabéis rezar.
Tengo que terminar y lo quiero hacer con la petición que Manolo Baena, le realizó a Jesús de Nazareno estando ya en su lecho de muerte. Fue su último Viernes Santo. Cuando lo asomamos al balcón para que pudiera ver a Jesús, asombrándonos a todos, con su voz fuerte, ronca y vibrante exclamó: Jesús llévame contigo
Y yo añado:
Jesús llévanos a todos contigo cuando Tú quieras y decidas.
¡¡¡Y bendice a los judíos de Baena!!!
¡¡¡VIVAN LOS JUDÍOS DE BAENA!!!
¡¡¡VIVA NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO!!!














Prueba número 2 en comentarios
He leido el Pregón de Fernando Ocaña, y me ha encantado, al igual que el de Antonio Lara Feria, recordar que yo soy de Baena al igual que ellos, y todas esas experiencias las he vivido en mis propias carnes.
Mi pasión por Baena, no tiene limites, son tantos los recuerdos que tengo de mi niñez y de mi pubertad y juventud que llenaria un saco grande de mas de cien kilos de folios rellenos de mis nostalgias.
Para mi satisfación muchas de mis vivencias, las tengo escritas en prosa y en poesia, quizas no tarden mucho en que aparezcan algún día, y por eso hago honor a estos Pregoneros (pues tengo todos los pregones desde el año 1978, y sus nombres, dandose la circustrancia que todos ellos son muy buenos amigos mios y conocidos desde la infancia). Me siento tan honrado con mis paisanos y soy tan devoto de la Semana Santa de Baena, que yo diría forma parte integral de mi vida, !y mira que yo he corrido mundo y he visto cosas bonitas e importantes pero ninguna iguala a mi Semana Santa de Baena, y no es pasión de baenense, pero cualquiera que vaya a Baena, vea su Semana Santa y juzge.
Estaria escribiendo un siglo, pero dejo espacio para que los demas me den la razón o no¡
Un saludo del Trovador de Baena Pepe Segura.-